jueves, 28 de octubre de 2021

 Discípulos y discípulas itinerantes_OSCAR GONZÁLEZ_Trifrontera amazónica (Perú, Colombia, Brasil)

En el mes de agosto participé de nuestro encuentro anual en Manaos. Fueron unas semanas bonitas de reencuentros, trabajo, tiempo de descanso, compartir reflexiones y oraciones... En el Equipo Itinerante tenemos 2 núcleos, por lo tanto, estos encuentros anuales sirven para ponernos al día, programar los próximos meses y soñar el futuro.

Ahora estamos en Iquitos, en la selva peruana. Llegué hace unas semanas con Geni, religiosa de Verbum Dei que, en otoño de 2019, después del Sínodo de la Amazonía, estuvo en Menorca. De aquí vamos al Vicariato de Requena, allí nos espera el obispo Joan Oliver, un valenciano que desde hace unos 15 años es obispo. En este vicariato de 80,000 km2, casi no hay carreteras, lo atraviesa el Amazonas y los diferentes afluentes. Son regiones muy aisladas donde la presencia de la iglesia es muy escasa o nula. Por lo tanto, queremos ir con un pequeño equipo misionero del vicariato para conocer y hacer presencia. Estas itinerancias no son para evangelizar o hacer catequesis... la puerta de entrada siempre es escuchar las necesidades y compartir su vida. Y tratar de que, como iglesia, seamos cercanos a sus problemas y podamos sumar, en su discernimiento, en las posibles soluciones.

Queremos llegar a las comunidades indígenas Matsés y Kapanahua. Están a su frontera entre Perú y Brasil, una gran región aislada y cada vez con más presión de leñadores, buscadores de oro, narcotráfico... Perú es el segundo productor de cocaína, después de Colombia, y estos ríos-carreteras sirven para sacar la cocaína hacia Brasil. Así que las comunidades indígenas son las más afectadas con la invasión de sus territorios.

Vamos con mucha ilusión porque el Equipo Itinerante nunca ha visitado esta región, por lo tanto toda la articulación para hacer posible la itinerancia se construye desde cero: pensar objetivos, conocer su región con mapas, libros de consulta, entrevistas, hacer los contactos para poder entrar -parar entrar en casa de alguien siempre debe hacerse con el consentimiento de quienes la habitan, y con más razón en tierras indígenas-, crear el pequeño equipo misionero local que acompañará ... por esto una itinerancia siempre supone un tiempo de preparativos.

¿Cómo lo debían hacer los primeros discípulos?: "los envió de dos en dos delante de sí, en cada pueblo y en cada lugar por donde él había de ir". Jesús daba unas mínimas indicaciones, ligeros de equipaje: "No toméis nada para el camino, ni bastón, ni pan, ni alforja, ni dinero en la bolsa. Calzarse sólo sandalias, pero no os llevéis dos túnicas”. Tenían la fuerza del Espíritu. Seguro que los discípulos estaban con una mezcla de ilusión e inseguridad por lo que encontrarían. Seguro que, de vez en cuando, uno de los dos quería hacer las cosas de manera diferente del otro y deberían ponerse de acuerdo. O quizás un discípulo querría quedarse unos días más en aquella familia que tan bien los acogía, mientras el otro querría ponerse de nuevo en camino.

Nosotros, en estos tiempos vamos más equipados, nos hacen falta más seguridades para iniciar. Pero queremos ser fieles y tratamos de escuchar las enfermedades del siglo XXI, tratamos de transmitir y dar su paz, de hacer el bien, de anunciar, con nuestro testimonio, el amor... A veces nos entran las dudas: en las itinerancias tenemos la tentación de querer llenar de "cosas” el tiempo, los días que pasaremos: hacer esta charla, preparar esta reunión sobre el Sínodo, hacer una pequeña reunión para escuchar la Palabra… y nos olvidamos de sencillamente ESTAR, COMPARTIR.

Seguro que los discípulos estaban con una actitud de escucha, tenían que ofrecer, pero seguro que, con sensibilidad, se ponían con una actitud de presencia gratuita. Sin querer hacer grandes cosas, ni grandes discursos. Con su capacidad de "saber perder el tiempo" en la conversación con los demás.

Y me imagino estos encuentros de los discípulos, cada cierto tiempo, con Jesús. Volviendo de las itinerancias y contando lo que habían visto y oído y que guardaban dentro del corazón, como la madre de Jesús. Seguro que tenían debates y opiniones diferentes en torno a: ¿seguir itinerando por los pueblos o quedar insertados en aquellos lugares donde nos han recibido bien y el mensaje ha caído en tierra buena? Unos discípulos quizás querrían quedar insertados, pensando que así podrían ayudarles a crecer en su fe. Otros quizás opinarían que debían seguir sembrando por los márgenes de los caminos, donde las heridas están más abiertas... qué debates más interesantes. Jesús seguro que los escuchaba y acogía con ternura lo que los discípulos exponían. Esto sería "materia" para orar a solas en el desierto. Nosotros lo que vemos y sentimos también lo compartimos con Jesús y tratamos que el Espíritu nos ayude a marcar el camino y el estilo de presencia.

Yo, después de 17 años insertado en Honduras, donde las heridas humanas y sociales están a flor de piel, quiero itinerar. Quiero ir de dos en dos, por los caminos de esta Amazonia y recorrer pueblos y comunidades, tratar de transmitir paz, amor, ternura y acoger el dolor causado por sus enfermedades humanas y sociales de este tiempo. Y ante aquellos hombres y mujeres que seguían a Jesús, me siento pequeño y lleno de inseguridades. Pero también me siento llamado a comunicar lo que he visto, oído y sentido, un Dios que se enamora de los pequeños y que es VIDA. Y es que en la Amazonía hay mucha vida.

 

Oscar González Marquès

El Equipo Itinerante es una apuesta interinstitucional e intercongregacional que trabaja desde 1998 en la Amazonía con los pueblos indígenas, ribereños y excluidos de la ciudad. Claudio Perani SJ formulaba la propuesta metodológica así a los primeros itinerantes: «Anden por la Amazonia y escuchen lo que el pueblo habla: sus demandas y esperanzas, sus problemas y soluciones, sus utopías y sueños. Participen de la vida cotidiana del pueblo. Anoten y registren cuidadosamente todo, con las mismas palabras del pueblo. No se preocupen por los resultados, el Espíritu irá mostrando el camino. ¡Coraje! Comiencen por donde puedan».

 





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