domingo, 17 de noviembre de 2019

NOTICIAS DESDE SABANETA

La vida es una continua aventura, no cabe duda. Estar colaborando en un centro educativo que lleva este nombre, siempre me ha parecido uno de esos guiños que nos hace Dios en los recodos de nuestros caminos.

Aún no llevo un año aquí, así que poco a poco voy tomando el pulso y conociendo esta nueva realidad. Aventura nació primero en las mentes y corazones de unos cuantos soñadores y vio la luz por primera vez el 15 de octubre de 2012. Intenta dar respuesta a una necesidad muy concreta de las comunidades de la Cuenca Alta del Río San Juan, en la Cordillera Central de República Dominicana: conseguir terminar la educación primaria y secundaria sin tener que salir de la zona, sin tener que separar familias, sin tener que vivir calladas historias infantiles de dolor…




Es un internado pobre, para niños y adolescentes pobres. Realmente nos conviene ser así, porque así tenemos la oportunidad de seguir a un Cristo pobre. No queremos perder el norte; no queremos deslumbrar, ni dejarnos deslumbrar,  con edificaciones fabulosas o despliegue de vistosos recursos pedagógicos. Simplemente queremos ser fieles a nuestra misión de llevar esperanza y fe a tantas familias, a través de la educación.




En estos 7 años, los alumnos se han triplicado. Con ellos, se triplican las ilusiones, los retos, las historias de vida, las posibilidades… Se triplica la aventura del vivir. Somos una gran familia. A veces, como todas las familias,  andamos un poco agobiados por la escasez de recursos, por la escasez de originalidad, por la escasez de paciencia. Es entonces cuando, una vez más, resuenan en nuestro interior las palabras de Jesús: “No anden agobiados pensando qué comerán, qué beberán o con qué se vestirán. Ustedes, busquen primero el Reino de Dios y su justicia y lo demás se les dará por añadidura”.




Aventura es una obra de fe, que tiene la peculiaridad de seguir alimentando la fe de los que allí vivimos. Por todo lo dicho, me considero muy afortunada al poder estar este tiempo en este lugar del mundo. No sé cuánto tiempo estaré en esta parroquia y en este internado. Cuando se llega a mi edad, cada vez se hacen menos planes y dejamos que sea Dios quien los haga en nuestras vidas. Seguiré por aquí hasta que Él quiera. Ya se encargará de hacérmelo saber. Mientras tanto, a disfrutar de esta gran aventura que se llama Aventura. Es parte del ciento por uno prometido. ¡Qué suerte tenemos los misioneros! Gracias Señor por el regalo de la vocación. 

Parafraseando a Kavafis, solo pido que mi camino sea largo, lleno de aventuras y de experiencias y lleno de mañanas de verano (y aquí  en el Caribe, el verano es casi permanente) en que llegue a puertos nuevos y desconocidos, sabiendo que Tú siempre estás en cada uno de ellos; ahuyentando siempre a los lestrigones, a los cíclopes y hasta al mismo colérico Poseidón. Señor, sigue regalando vida a esta pequeña porción de tu mies. 

No se me ocurre nada más que decir. Creo que no he llegado al número de palabras que me indicaron escribiera. Por eso, os invito a que las completéis vosotros, viniendo por aquí y disfrutando de unos paisajes incomparables, unas personas entrañables y una vivencia espiritual única. Os espero.   Marta


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